401 Funciones de la música en la sociedad

La música es una presencia constante en nuestras vidas y, a pesar de ser invisible, tiene la capacidad de dejar una huella emocional profunda en nosotros. Solo existe en nuestra memoria; conocer una pieza musical no solo implica recordarla, sino también revivir las emociones que nos hizo sentir en su momento. Es en esta conexión entre recuerdo y emoción donde la música adquiere un significado personal tan poderoso.

La música ha jugado un papel esencial en reuniones y eventos a lo largo de la historia, tanto en el ámbito público como en el privado. Desde la conmemoración de un evento histórico o un acontecimiento deportivo, hasta celebraciones familiares como bodas o funerales, la música siempre ha acompañado y reforzado la importancia de estos momentos.  Se jugaba recitando adivinanzas, cuentos, leyendas, romances, historias de héroes locales… Estas rimas se «entonaban» con melodías sencillas y repetitivas, que ayudaba a recordar, aprender y transmitir la información a las siguientes generaciones.

Nos transforma

La música tiene una capacidad única para evocar y amplificar emociones, haciéndola un lenguaje universal que trasciende las barreras culturales y lingüísticas. Su poder radica en su capacidad para conectarnos con nuestras emociones de forma inmediata y profunda. Las melodías pueden despertar alegría, tristeza, nostalgia o motivación en función de los acordes, el ritmo y el contexto en el que se escuchan.

Actualmente está demostrado por la ciencia que la música tiene un impacto en nuestras emociones, pensamientos, y comportamientos. La música influye en nosotros de muchas maneras:

  • Emocionalmente: La música tiene un impacto directo en las emociones humanas. Es capaz de inducir estados emocionales como alegría, tristeza o euforia gracias a factores como la tonalidad, el ritmo y la letra. Estas respuestas están ampliamente documentadas en estudios sobre musicoterapia y neurociencia.
  • Físicamente: La relación entre música y respuestas fisiológicas como el ritmo cardíaco, la respiración y el movimiento está ampliamente documentada. Por ejemplo, los ritmos lentos pueden inducir relajación, mientras que los más rápidos tienden a activar al cuerpo. Esto también se utiliza en intervenciones de rehabilitación y ejercicio físico.
  • Cognitivamente: La música interactúa con la memoria y puede ser una herramienta poderosa para el aprendizaje y la organización de la información. Estudios en educación y neurociencia sugieren que la música puede mejorar la retención de información y estimular áreas del cerebro relacionadas con la memoria y la creatividad.
  • Socialmente: La música juega un papel clave en la identidad cultural y la cohesión social. Es un medio de transmisión de valores, tradiciones e historias, y facilita la conexión entre individuos en diferentes contextos sociales.

Breve recorrido histórico

La historia de la música se extiende miles de años, desde la música prehistórica, donde los primeros seres humanos usaban sonidos rítmicos en rituales y celebraciones, hasta la música digital actual, que está accesible en cualquier parte del mundo gracias a las plataformas de streaming.

En la Antigüedad, la música estaba estrechamente relacionada con los rituales religiosos y la vida social. En las culturas de Mesopotamia y Egipto, se usaban instrumentos como liras y flautas para acompañar ceremonias.

Hace más de 2,400 años, filósofos como Pitágoras y Platón estudiaron la relación entre la música, las matemáticas y el alma humana. Platón, en su libro La República, reflexionaba sobre el poder de la música para influir en las personas, afirmando que esta era «capaz de organizar nuestra mente y emociones», de moldear nuestro carácter y nuestro comportamiento. Aunque estas ideas son antiguas, siguen siendo relevantes hoy en día: estudios neurocientíficos han confirmado que la música activa diversas áreas del cerebro y libera dopamina, un neurotransmisor asociado con el placer y el bienestar.

Con el paso de los siglos, la música ha evolucionado y se ha transformado a través de los grandes períodos históricos, dejando una huella profunda en el entramado cultural y social de las sociedades. En la Edad Media, la música religiosa jugaba un papel central en la vida espiritual y comunitaria, utilizando los cantos gregorianos para establecer comunicación con lo divino. Durante el Renacimiento, la música empezó a reflejar los nuevos valores del humanismo, la ciencia y la filosofía, convirtiéndose en una herramienta de expresión colectiva y de cohesión social.

En el Barroco (siglos XVII y XVIII), la música se transformó en una forma de mostrar el poder y la grandeza de las cortes reales y la Iglesia. Compositores como Bach y Händel crearon obras que acompañaban ceremonias religiosas y eventos reales, dotándolas de majestuosidad, solemnidad emocional y trascendencia.

El Clasicismo y el Romanticismo no solo desarrollaron la música para las grandes cortes europeas, sino que también la llevaron al ámbito doméstico. El piano se convirtió en un símbolo de la educación, y compositores como Beethoven, Mozart o Chopin crearon tanto piezas virtuosas que impresionaban a los públicos en grandes auditorios, como composiciones más sencillas, que podían ser interpretadas en reuniones familiares y sociales. Esta dimensión de la música, como un lenguaje colectivo que transmite emociones, permitió conectar emocionalmente tanto en eventos públicos como en reuniones íntimas.

La música también ha sido un vehículo de identidad cultural a lo largo de los siglos, definiendo culturas y comunidades. Las tradiciones musicales no solo han transmitido historias y valores, sino que también han reforzado la identidad colectiva de los grupos sociales. Desde los cantos de gesta medievales hasta los himnos nacionales, la música ha moldeado y reflejado el espíritu de las sociedades. Los cantos tradicionales se han transmitido de generación en generación, creando un sentido de pertenencia tanto en hogares como en espacios públicos, conectando a las personas a nivel emocional y cultural.

La llegada de la era digital a finales del siglo XX y principios del XXI ha transformado la forma en que accedemos y experimentamos la música. Plataformas como Spotify y YouTube han hecho que la música sea accesible en cualquier lugar y momento, permitiendo una mayor personalización emocional y conectando a las personas a nivel global.

En la cultura de los pueblos indígenas de Australia, existe un tipo de canción conocida como ruta-de-canto (songline en inglés), cuya letra sirve para circular por las redes de caminos trazados a través del desierto y los diferentes ecosistemas por los que los pueblos aborígenes habitan y se desplazan (áreas boscosas, costas, montañas, acantilados y praderas).

Aud MENDELSSOHN: Marcha nupcial

Escuchar la Marcha nupcial  indica el momento en el que comienza una cerebración de casamiento en la que se unen dos familias.

Herramienta de enseñanza y transmisión cultural

Desde tiempos antiguos, la música ha sido un medio fundamental para la transmisión oral de conocimientos de generación en generación. En una época sin escritura accesible para todos, las comunidades usaban la música como una forma de preservar y compartir su cultura, valores y saberes. Así, se recitaban y cantaban adivinanzas, cuentos, leyendas, romances, y relatos históricos que narraban la vida cotidiana y los acontecimientos más relevantes de cada comunidad. Estas rimas se «entonaban» con una música sencilla y repetitiva que actuaba como un recurso mnemotécnico, ayudando a recordar, aprender y transmitir los versos a las generaciones venideras. Incluso conocimientos tan prácticos como la geografía y los mapas topográficos eran aprendidos a través de la música; por ejemplo, los pueblos aborígenes de Australia memorizaban los caminos para atravesar el desierto recitando rutas-cantadas, o songlines, que describían los puntos de referencia y recursos naturales esenciales del territorio.

Cada región tiene sus propias canciones que guían a las personas a través de esos paisajes y proporcionan información sobre los recursos naturales específicos que deben localizar para desplazarse (como plantas comestibles, puntos de referencia y, especialmente, las fuentes de agua potable). Cada canción se asocia a un tramo específico de la ruta, permitiendo a las generaciones siguientes recordar y localizar elementos importantes en el territorio. Este método de transmisión oral de conocimientos es fundamental para la identidad y supervivencia cultural de los pueblos aborígenes australianos. La música desempeña una función esencial en la conservación y transmisión de información, asegurando que estos conocimientos perduren y sigan guiando a las nuevas generaciones en su entorno.

Este proceso, a través del cual los seres humanos aprenden y asimilan los elementos socioculturales de su entorno, se enriquece con el contacto y la experiencia compartida. La música, además de facilitar el aprendizaje, actúa como un elemento de cohesión social, acompañando al ser humano en distintas etapas del ciclo de vida. Desde las canciones de cuna que se entonan para dormir a los más pequeños, como «A la nana, nanita», hasta las canciones infantiles como «El patio de mi casa» o «Al pasar la barca», que introducen a los niños al juego y al aprendizaje de normas y valores sociales.

La enorme difusión del Romance de Gerineldo nos hacer reflexionar sobre las ideas que este tipo de canciones enseñaban.

Conforma nuestra la memoria

Aunque la música es intangible —no podemos verla ni tocarla—, su impacto en nuestra vida es profundo y duradero. Una vez escuchada, la música vive en nuestra memoria, conectándose con nuestras experiencias personales. Nos acompaña en momentos clave: una canción de la infancia, una melodía que sonó en un evento importante, o una pieza que nos consoló en tiempos difíciles.

La música no solo se recuerda por sus notas, sino también por las emociones y sensaciones que despiertó en nosotros. Este vínculo emocional es lo que otorga a la música tanto poder en la sociedad. Estudios científicos han demostrado que al recordar una canción, el cerebro reacciona de manera similar a cuando la escuchamos originalmente, lo que refuerza su papel como una herramienta clave de memoria emocional. Este proceso demuestra cómo la música no solo se almacena en la memoria, sino que permanece conectada a nuestras emociones, influyendo en cómo recordamos y experimentamos momentos significativos.

Además, la música juega un papel crucial en la cohesión social. Tanto en reuniones públicas como privadas, la música ha unido a las personas en conmemoraciones, celebraciones familiares y eventos sociales. Aunque invisible, deja una huella emocional duradera, moldeando cómo recordamos ciertos momentos y cómo nos conectamos con los demás a través de ella.

Aud NINO ROTA: Bruscia la Terra

Conocer una música depende de nuestra capacidad de reternerla en la memoria.

Nos enfoca: ayuda a concentrarnos, orienta nuestros pensamientos y centra nuestra atención

La música tiene una dimensión introspectiva y espiritual que nos permite conectar tanto con nuestro mundo interior como con lo trascendente. Puede ayudarnos a concentrarnos, orientar nuestros pensamientos, y centrar nuestra atención y emociones en algo específico. Al entonar o escuchar ciertos sonidos, como los mantras, las vibraciones de las ondas sonoras resuenan en nuestro cuerpo, generando una experiencia física y mental que ayuda a centrar la atención y calmar la mente. Esta resonancia nos permite sentir el sonido en nuestro propio cuerpo, lo cual facilita la conexión con nosotros mismos y con lo que cada cual considera sagrado o espiritual.

El mantra OM en la tradición espiritual de la India, por ejemplo, es un sonido primordial que simboliza la esencia del universo y el vínculo con lo divino. Al entonarlo, la vibración del OM crea una resonancia que, según se dice, alinea cuerpo y mente, facilitando un estado de paz y recogimiento.

Otros ejemplos de esta función espiritual de la música se encuentran en tradiciones de todo el mundo. En el budismo tibetano, se entonan mantras como el Om Mani Padme Hum, donde la repetición vocal genera una resonancia que busca elevar el espíritu y desarrollar la compasión. En las culturas indígenas americanas, los cánticos acompañados de tambores se utilizan para conectar con la naturaleza y el mundo espiritual, alcanzando un estado de conexión profunda con la tierra y sus elementos. De forma similar, en el sufismo islámico, la práctica de la música y la danza en el dhikr permite a los participantes entrar en una experiencia mística y de unión con lo divino, donde el ritmo y la voz actúan como vehículo de introspección y trascendencia.

A través de estas tradiciones, vemos cómo la música y el sonido actua como un puente hacia lo espiritual y permitiendo a las personas de diferentes culturas y tradiciones conectarse tanto consigo mismas como con algo más grande.

Tarea escrita

1. Realiza una SÍNTESIS de este apartado. Incluye como ejemplo el título de una canción que conozcas y que cumpla con esa función

Socializa

  • canciones de cuna:  ej. Nana: Duérmete niño;
  • canciones infantiles:  ej. La gallina turuleca, Estaba el señor don Gato
  • canciones religiosas: ej villancico “Hacia Belén va una burra”